sábado, 16 de septiembre de 2017

Disculpen: me estoy perdiendo mis recreos

Uno de los mayores problemas con los que se encuentran los niños y niñas con algún tipo de discapacidad es la participación con sus compañeros en los recreos. Podríamos decir que el tiempo de recreo puede convertirse, para según qué niños, en el tiempo menos inclusivo y más segregador de todos los que transcurren en un día normal de clases.

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Y realmente lo que ocurre en este tiempo es un barómetro ideal para darnos una estimación de los niveles de culturas, políticas y prácticas reales que se están trabajando en el centro educativo. 

Y es que el recreo es un tiempo destinado al ocio, a la desconexión y al establecimiento de interacciones sociales durante unos pocos minutos, que alejan a docentes y discentes del arduo y duro trabajo de aprender sentados y callados, escuchando/diciendo la lección.

Este es el principal motivo de que el recreo se haya convertido en un tiempo "sagrado" para unos y para otros, un tiempo intocable donde no podemos pedirles a los niños que hagan nada que se les plantee como "obligado" -como podría ser juntarse con algún diagnosticado-; y mucho menos podemos pedirles a los profesores que se impliquen en colaborar y fomentar un recreo para todos -bastante tienen ya con dar clase a los 25 durante 5 horas.

Solo el hecho de plantearnos el recreo como un tiempo de descanso nos tendría que llevar a pensar muchas cosas sobre los modelos de enseñanza que proponemos en las aulas.

El libre albedrío

Y en esa concepción del recreo como tiempo personal del individuo se esconde una realidad que todos vemos pero ninguno queremos ver: los niños con discapacidad son rechazados en los juegos de recreo. Se quedan solos, apartados, deambulando por el patio viendo cómo los demás, dentro de su libre albedrío, se recrean (crear o producir algo nuevo - divertirse, deleitarse) eligiendo a las personas con las que hacerlo. 

En la mayoría de los casos, los alumnos con discapacidad o problemas graves de conducta (definidos como NEE), no suelen ser los elegidos por los demás alumnos. Supongo que será porque son diferentes: porque no conocen-respetan las normas de sus juegos (aunque éstas sean recreadas); porque los compañeros han aprendido (imitado) que tienen que funcionar aparte (aulas de apoyo, aulas especiales); porque tienen limitaciones, falta de capacidades, falta de habilidades, carencias, dificultades, problemas (diagnóstico); porque en sus casas les advierten del peligro de estar con ellos (grupos de whatsapp, reuniones, protestas por las molestias que ocasionan)...

Como apuntaba al principio, el recreo es un gran barómetro del nivel de inclusión de un centro educativo. Ese libre albedrío deja poner en práctica de forma espontánea y natural la forma en la que nuestros alumnos se han empapado de la cultura general de respeto, ayuda, participación, aceptación y empatía que el Proyecto Educativo del centro desarrolla cada curso escolar. Y este barómetro nos dice que estamos suspendiendo sistemáticamente. 

Errores de bulto

Creo que el principal error está en creer que los niños en el tiempo de recreo eligen libremente y que esto es algo ajeno a nuestra tarea docente. Las acciones que se desarrollan en el recreo, y no hablo solo de dejar apartados a los alumnos con NEE, pensemos en otro tipo de rechazos culturales, sexuales, acosos y burlas, peleas... son una consecuencia de la dejadez o el buen hacer del centro en el trabajo en las emociones, habilidades sociales, participación efectiva y coeducación. Un trabajo horizontal que debe recogerse en sus proyectos, y no solo como un mero trámite burocrático, sino como un trabajo sistemático diario. 

Por otra parte, el tiempo de recreo es tiempo lectivo y debe ser planificado y trabajado como tal por los docentes. Como me apuntaba Cristina Alcaide, de la Fundación Ana Valdivia:

 "desde la fundación, una de las primeras cosas que recordamos es que la media hora del patio es hora LECTIVA y que por tanto es obligación de TODOS los maestros continuar educando".

Pero creo que el segundo error del bulto es pensar que los docentes tienen que hacer este esfuerzo extra en el tiempo de recreo. El esfuerzo debe venir justamente en los tiempos que no son de recreo. No debemos "obligar" a los niños a jugar con determinados niños elegidos a dedo; por supuesto que no, porque esto no haría más que ampliar el estigma de estos niños. Precisamente por ello el trabajo debe hacerse a nivel de centro, para todos los alumnos del mismo por igual, propiciando herramientas que hagan que los juegos sean accesibles, que se conozcan las barreras que se pueden poner en los juegos de recreo, que la empatía y la aceptación sea la norma. 


Fundaciones como Ana Valdivia trabajan y proponen este tipo de medidas a través de proyectos como "Patios Inclusivos". En palabras de Cristina, esto lo hacen "con la idea de contribuir al proceso de inclusión en colegios de integración preferente de motóricos (en la fundación trabajamos con afectados por parálisis cerebral). Hemos trabajado con muy poquitos centros escolares y lo que nos hemos ido encontrando nos ha hecho parar y poner el proyecto a reposar pues no coincidían nuestras pretensiones con las necesidades de los maestros. 

Nosotros buscamos un cambio ideológico, un nuevo paradigma, una nueva visión que comprometa a todo el centro. Como dice el nombre del proyecto, partimos de una intervención durante el tiempo de recreo pero estamos convencidos que no puede quedarse sólo ahí, en 30 minutos al día. Además, no buscamos que esa intervención se perpetúe en el tiempo si no que facilite la interacción social entre todos los alumnos que, idealmente, llegaría a establecerse de forma natural, como entre cualquier ser humano."



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Patios inclusivos

En mi experiencia con el trabajo con niños ciegos, es éste uno de los grandes problemas que nos encontramos en nuestra atención a estos niños. Llevamos años intentando implantar en los centros actuaciones para que en los recreos los alumnos con NEE no se queden siempre de la mano de monitores o personal de Atención a la Diversidad del centro. También trabajamos para que no se generen actividades segregadoras diseñadas solo para estos alumnos. 

El fracaso se genera por varias razones:
  1. No es una medida instaurada en el Proyecto Educativo del Centro y fomentada por el Equipo Directivo. Mientras no haya una auténtica voluntad en el centro de establecer estos Patios Inclusivos no podremos convertir esta pretensión en actividades planificadas.
  2. No hay un impulso real desde la Administración Educativa. Si las Delegaciones Provinciales impulsaran en los centros Proyectos para Patios Inclusivos, con guías, recursos, cursos y formación; los centros entenderían que es una cuestión trascendental a trabajar con sus alumnos.
  3. No existe cultura en la Comunidad Educativa que denuncie, sensibilice y trabaje por la empatía y la participación. A menudo, este tipo de reacciones de los alumnos en los recreos se ven y justifican como "cosas de niños". Las propias familias alientan a profesores y alumnos para que los alumnos con dificultades no sean una "carga" para sus hijos. 
Para ilustrarnos sobre una buena forma de trabajar la inclusión en los recreos, os dejo con la entrevista que le realicé a Gay Lagar para MesasNEE en la que nos explica el porqué del éxito de su proyecto "Patios Dinámicos"


Seguro que si reflexionamos sobre todas estas cuestiones conseguiremos que los alumnos con NEE no se pierdan más sus recreos.

sábado, 9 de septiembre de 2017

El despertar de los dormidos a la #RevoluciónInclusiva

Vuelta al curso de nuevo después de un año que ha sido intenso en el trabajo realizado para llevar a los centros y los profesionales de la educación los valores de inclusión, equidad y personalización de la enseñanza.

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En este curso pasado he tenido el privilegio de asistir como ponente a varios congresos y jornadas de media España; y más apasionante aún, como formador en diferentes provincias y ciudades. En esta tournée he podido descubrir que existen una gran cantidad de profesionales dispuestos a formarse, o a enterarse al menos, de una manera más amplia, sobre qué es esto de trabajar por una escuela abierta a todos.

Convencer a los convencidos

El interés que está despertando entre los docentes es progresivo y es un gesto esperanzador para esta #RevoluciónInclusiva a la que nos hemos unido de la mano de José Blas García, Coral Elizondo, Nacho Calderón, etc. Esperanzador porque vemos que el germen va creciendo y que cada vez son más las voces que se unen para gritar que no es imposible transformar la escuela, que imposible no es nada. Pero estos solo son "revolucionarios solitarios".

Es por ello por lo que he tenido la sensación de que estas Jornadas y Congresos se convierten en una especie de mitin político. La primera vez que asistí a un mitín era un joven ingenuo, soñador y esperanzado en la política como vía para crear una sociedad más justa. Fui con ilusión esperando que el líder de turno tratase de convencernos a una multitud de personas de que su proyecto era sólido y viable y que por ello debíamos votar su propuesta. Mi desilusión se hizo inmensa a tan solo unos pocos minutos de entrar en aquella plaza de toros abarrotada de personas y de banderas: descubrí que todos los que allí se daban cita eran precisamente los convencidos, los que ya tenían claro que iban a votar a aquel partido. Traté de encontrar a mi alrededor algún "indeciso", alguien con ideas contrarias o simplemente algún escéptico, pero solo vi una marea de simpatizantes y militantes jaleando a su líder.

Aquello me pareció simplemente inútil, montar aquel tinglado, viajar por todas partes, gastar y gastar para no aportar ningún adepto más. 

En nuestra lucha por el cambio inclusivo tengo la sensación de que esto nos ocurre cuando nos llaman para hablar sobre ello. Como digo, ha sido muy reconfortante hablar y conocer a personas que que quieren cambiar su modelo de trabajo. Pero son personas convencidas que buscan algo más, algo que en una hora o dos no van a aprender para poder poner en práctica su convencimiento. 

Por eso este curso desearía que la #RevoluciónInclusiva centre sus esfuerzos en convencer a los detractores, a los recelosos, a los indecisos. Y creo que la única forma de hacerlo es mostrando evidencias de buenas prácticas inclusivas, abriendo caminos de difusión y sensibilización. De esta manera podremos abrir las puertas cerradas...

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  • Somos seres imitadores, y solo accediendo a modelos inclusivos podrán imitarse modelos inclusivos. 
  • Somos seres conformistas, y solo aportando recursos, apoyos, guías y ejemplos podremos salir de nuestra zona de confort sin miedo a saltar al vacío.
  • Somos seres sociales, y solo construyendo políticas y prácticas inclusivas en equipo podremos sacarlas adelante.
  • Somos seres individualistas, y solo llegando a cada individuo podremos hacerles cambiar hacia un modelo compartido.
  • Somos seres curiosos, y solo dejando pistas, sembrando dudas y creando expectativas positivas lograremos que sacien su curiosidad.
  • Somos seres emocionales, y solo con mostrar cómo fluyen las emociones cuando un alumno excluido logra participar y progresar junto a sus compañeros llegaremos a los escépticos. 
  • Somos seres justos, y solo denunciando injusticias llamaremos a la cordura y la empatía.


La formación como principal camino

Pero en este trayecto que he seguido durante este curso, la formación ha sido algo distinto. Para empezar se tiene más tiempo. Además, a la formación acuden diferentes perfiles de profesionales de la educación, unas veces convencidos, otras obligados y otras por otras motivaciones burocráticas. En estos grupos encuentras debate, encuentras desencuentros, encuentras dudas y recelos que se ponen sobre la mesa. Todos aprenden, todos encuentran un marco de debate interno, de conflicto cognitivo del que siempre, siempre, se progresa hacia algo diferente. 
La formación se convierte en el principal camino para la transformación: a los convencidos los enseña a trabajar; a los escépticos se les proporcionan escenarios de contraste; a los detractores se les dota de conocimientos para mantener o cambiar su postura.

Por eso pido a los Equipos Directivos que demanden formación sobre la inclusión. Son ellos los elementos de cambio, los ejes centrales del sistema, los líderes de todos los docentes. Solo una iniciativa que parta desde el Proyecto Educativo de cada centro, impulsado por un equipo directivo decidido y formado posibilitará el acceso a la formación de todos los docentes: los adeptos y los disidentes.

Y por ello también pido a los Centros del Profesorado que oferten actividades formativas sobre prácticas y políticas inclusivas en los centros. Son ya demasiadas las actividades que se planifican sobre innovación educativa, y muy pocas sobre inclusión... como si la inclusión no pasase inevitablemente por la innovación. Formar en inclusión conlleva formar en metodologías activas y en dominio de las TICs y las TACs. Ofertarlas desconectadas no beneficia a la escuela.


Compartir experiencias para difundir

Cuando esos docentes formados son capaces de instaurar en sus centros o aulas un modelo que funciona, donde todos los alumnos aprenden y progresan juntos, tienen el "deber" de difundir esas prácticas. Vivimos en la era de la información y la comunicación y compartir es la premisa. 
Por eso os invito a que este curso nos cuentes tu experiencia, nos ofrezcas modelos de participación, propuestas didácticas, experiencias, proyectos... Pongo mi blog a vuestra disposición con su sección "La inclusión según..."; y también os anticipo que este curso volverá el portal de MesasNEE donde seguirá funcionando la sección "Experiencias inclusivas". Además existen en las redes proyectos como @Escu_Inclusiva donde podéis compartir en su blog vuestras experiencias.


Mostrando a los no convencidos que todo es posible 
abriremos mentes y cerraremos los actuales modelos de exclusión


En síntesis:


  • Si no estás convencido: asiste a congresos, jornadas, lee experiencias y buenas prácticas, y luego juzga tu propio convencimiento.
  • Si estás convencido: fórmate, aplica, experimenta, comparte.
  • Si estás convencido y formado: forma a otros, difunde, denuncia.
Vamos a continuar trabajando por una escuela abierta para todos

martes, 20 de junio de 2017

Un curso más sin cambio inclusivo: último post de la temporada

Terminamos ya el curso que vino en llamarse el del "cambio inclusivo". Durante el mismo he percibido un aumento espectacular de la "curiosidad docente" por conocer mejor las herramientas necesarias para llevar a la práctica diseños didácticos que hagan que todos los alumnos del aula participen y progresen en sus aprendizajes.

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Una curiosidad que trae consigo semillas para el cambio, pero que no ha sido suficiente para potenciar un modelo básico de funcionamiento participativo en las aulas. 

domingo, 11 de junio de 2017

Oposiciones de PT y AL en Andalucía: oportunidad perdida para el cambio inclusivo

La Junta de Andalucía acaba de publicar la Homologación de Criterios Generales de Corrección para las oposiciones docentes de Andalucía de 2017. Se trata de la primera vez que publican con antelación lo que se les va a valorar a los opositores en las especialidades convocadas. Y podría haber sido un avance para la inclusión, pero no ha sido así

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lunes, 5 de junio de 2017

¿Qué incluye la Inclusión?

Cuando Booth y Ainscow proponen tres dimensiones para la Inclusión, deberían haber aclarado que la primera de ellas, las Culturas Inclusivas, tiene un peso específico ponderado muy por encima de las otras dos juntas, Políticas y Prácticas.

Una de las cosas que tengo más claras en esto de la Inclusión Educativa es que lo más difícil a lo que nos enfrentamos es a cambiar esas culturas. Cambiar esas mentalidades basadas en la pasividad, el inmovilismo y en la, ya manida, zona de confort de la que muy pocos quieren salir para hacer que los niños gocen de sus derechos. Hablamos de derechos de los niños, y no de limosnas. Hablamos de obligaciones de los docentes, y no de favores. 

Os dejo con esta fantástica valoración que hace una de nuestras colaboradoras ya habituales: La Rebelión del Talento



¿Qué incluye la Inclusión?

La inclusión o la capacidad de nuestra escuela y por extensión, nuestra sociedad, para acoger a todos sus miembros es una asignatura pendiente y el foco de atención de cualquier debate sobre educación.
Por supuesto, todo el mundo está de acuerdo en el concepto, o al menos nadie se atreve a manifestarse en contra, pero pocos están de acuerdo (con sus actos) con el esfuerzo y el cambio de mentalidad que la inclusión exige.

Cualquier educador que se asome a las redes puede obtener muchos y valiosos recursos orientados a hacer su aula más inclusiva, algo que hay que agradecer a todos los que dedican tanto tiempo en generarlos y colgarlos para que estén a disposición de los demás (aquí tienes un listado de ellos).

Los centros de formación del profesorado de cada comunidad invierten lo mucho o poco que su presupuesto destina a formación a metodologías que pretenden ser un paso más hacia la inclusión. En especial el aprendizaje por proyectos y bajo su paraguas otras metodologías que se pueden combinar y sumar (flipped classroom, aprendizaje basado en el pensamiento, resolución de problemas, etc..).

Aún así, muchos niños, demasiados, siguen sin sentirse integrados en nuestro sistema. Para ellos la escuela es una experiencia negativa que afecta no sólo a su autoestima, sino también a su relación familiar, pues, cómo no, los padres tratan también de que el niño “quiera” entrar en el sistema. 

Y esto es así porque nos estamos centrando en las herramientas y los recursos que son un facilitador y un dinamizador de la inclusión, pero no “son” la inclusión.


¿Qué necesitamos realmente para ser inclusivos?

Ni más ni menos que cambiar la visión, la mentalidad, la mirada. Porque todos nuestros esfuerzos se basan en ayudar al niño a llegar, en acompañarle y facilitarle los recursos necesarios para que converja y consiga los objetivos. En identificar sus “fallos” o carencias y corregirlos. Trabajamos con ellos para que desarrollen estrategias que les permitan aprender tal como el sistema enseña y aprobar los exámenes tal y como nosotros los formulamos. Pero a esto no podemos llamarle inclusión. Podemos llamarlo ayuda, adaptación, y hasta caridad, pero no es inclusión.

  • Para ser inclusivos debemos aprender a respetar a todos los niños, en su diferencia, en su singularidad. Y esto significa que debemos dejar de obligarles a modificarse constantemente. 
  • Para ser inclusivos son los educadores, los contenidos, los métodos, las evaluaciones, las que deben modificarse para acercarse a cada realidad y ofrecerle las mismas oportunidades de crecimiento que ofrece a los demás. Porque sólo acercándonos a cada niño podemos conocerle y entenderle, y, por tanto respetarle y valorarle. 
  • Para ser inclusivos necesitamos romper con el cliché del buen estudiante, atento, modoso y complaciente y centrarnos en conseguir que todos nuestros alumnos sean buenos y perpetuos aprendices. 
  • Para ser inclusivos debemos dejar de comparar a unos niños con otros. No hay inclusión sin que todos los niños se sientan igualmente valiosos y valorados. Ellos deben sentir que esto es así, sin rendijas donde se escape la desaprobación.
  • Para ser inclusivos debemos aspirar a despertar en cada niño la pasión por aprender y esto sólo es posible si el aprendizaje parte de la curiosidad y los intereses de cada uno de ellos.
  • Para ser inclusivos debemos valorar todas las aptitudes, todos los intereses, todas las habilidades y todas las capacidades, por igual. 
  • Para ser inclusivos hemos de saber generar proyectos de aprendizaje en la que todos los niños puedan aportar desde aquello que se les da mejor, sin categorizar ni dar más valor a una función que a otra.
  • Para ser inclusivos el aprendizaje se tiene que transformar y ser en verdad interdisciplinar, como es la vida, como son las competencias del siglo XXI. En un aprendizaje interdisciplinar, el niño artista colabora en el proyecto de robótica con los alumnos aventajados en matemáticas haciendo el logo o el diseño del proyecto. El niño negociador intermedia en los debates de los aventajados verbalmente. El niño observador colabora en la toma de datos del proyecto de ciencias….
  • Para ser inclusivos debemos romper con el objetivo de homogenizar los grupos para permitir su avance y no evaluar sino valorar en función del progreso de cada niño en relación a sí mismo.
  • Para ser inclusivos no podemos organizar los grupos o los tutoriales pensando que “unos dan y otros reciben”, no importa si hablamos de conocimientos, capacidades o habilidades, pues esto parte de la premisa de que a unos “les sobra” y a otros “les falta”, y esto, de nuevo, no es inclusión, sino obligación de convergencia a un término medio que nos hemos fijado. Cuando los niños son valorados por el conjunto de sus valores, ni les sobra, ni les falta, se están desarrollando y creciendo en el camino que sus intereses y capacidades particulares les lleva.
  • Para ser inclusivos hay que abrir los ojos y quitarse las telarañas de la educación que hemos recibido que nos avocaba a un modelo de profesiones consideradas de “éxito” o deseables (todas ellas basadas en la acumulación de conocimientos, el aprendizaje secuencial, la entrada en la Universidad y un puesto seguro y estable en el que te pasas 8 horas sentado y haciendo tareas repetitivas) y, en consecuencia, quien no tenía estas destrezas parecía avocado al fracaso. Hoy cocineros, peluqueros, moteros, aventureros, adiestradores de perros, hackers, youtubers, videogamers, bloggeros, exploradores, escaladores, diseñadores, dibujantes, humoristas, ..… han demostrado que se puede tener éxito siendo fiel a uno mismo. La función de la escuela no es prepararnos para una vida académica, sino despertar nuestra pasión, trabajar nuestra autoestima, desarrollar nuestro pensamiento crítico y creativo, nuestro espíritu emprendedor e innovador, para que cada uno elija el camino que le lleve hacia su propia auto realización.
  • Para ser inclusivos la escuela debe transformarse para no continuar matando nuestra curiosidad y nuestro amor por aprender, algo que sucede cuando el aprendizaje es encajonando, compartimentando y limitado dentro de un currículum rígido estructurado en etapas, asignaturas y unidades y coartado por el libro de texto y las evaluaciones.
  • Para ser inclusivos debemos ser conscientes de que el educador comparte la responsabilidad del éxito o el fracaso de cada uno de sus alumnos.

¿Qué somos realmente?

Hoy he conocido una madre que me cuenta la desesperación que tiene con su hijo de 15 años: “Supuestamente TDAH y quizá con “algo de dislexia”, que de pequeño tenía un CI de 130, pero que “ahora no llega”, luego, descartadas las altas capacidades (¡Cuánta ignorancia hay en este tema!). Dice su madre que de pequeño buscaba sus propias respuestas, que era muy “raro” porque le interesaban cosas de mayores y temas muy complejos, era supercurioso y muy autónomo. En primaria fue bien aunque los maestros se quejaban de que no atendía mucho, que era muy inquieto, despistado con sus tareas, y un poco disperso, -de ahí que le llevaran a evaluar-. Pero empezó a suspender en la ESO, repitió un curso y posiblemente ahora repita otro. 

“Quiere dejar de estudiar y nuestra vida es una discusión constante porque
haga sus deberes y estudie sus exámenes”

Van por el 4º colegio y en septiembre, cansados de tanto equivocarse, volverán al primero donde empezaron, pues “al final, cada cambio hemos ido a peor y por más que busco, ningún centro me ofrece nada diferente”. Le han medicado por un tiempo y quizá ahora tengan que volver a hacerlo. Llevan varios años acudiendo a un gabinete especializado en diversidad para ver si consiguen “que se adapte”. 

¿Esto es inclusión? ¿Ocho años de peregrinaje de psicólogo en psicólogo y no se cuántos de medicación para que el niño se “modifique” porque la escuela no se adapta a él? El único problema que tiene este niño es que viso-espacial, que es muy inteligente y que aprende de otro modo, pero ha nacido en un país que ni aún con dinero puede uno conseguir una educación inclusiva y que respete las cualidades y formas de aprender de cada niño. Le han destrozado la autoestima, la relación con sus padres y quién sabe si quizá su futuro. Y todo porque “tiene que adaptarse y aprobar los exámenes”, escritos, claro. Tiene dislexia y TDAH diagnosticados, y, sin embargo, tiene que estudiar leyendo del libro de texto y hacer los exámenes escritos después de leer las preguntas, en el tiempo que sus compañeros. Cuatro colegios, no sé cuántos profesores, y todos ellos le dicen “tiene que entender, tiene que adaptarse, tiene que esforzarse, tiene…..”.

Tienen antes ustedes una historia mil veces repetidas en nuestras escuelas. El relato de la falta de responsabilidad de todo un sistema. ¿Cuatro centros educativos y ninguno ha tratado de entender los motivos por los que un niño que una vez “dio 130” ahora quiere dejar de estudiar, etiquetado y medicado? Cuatro centros y ninguno de ellos ha asumido la responsabilidad de adaptar sus metodologías, contenidos, estructura, entorno, y evaluaciones?

Cuatro centros y cuántos más consultados y ninguno de ellos es inclusivo.






martes, 30 de mayo de 2017

¿Cuáles son las barreras a la participación y cómo superarlas?

Un término indispensable para propiciar la inclusión en el aula para todos los alumnos es el propuesto por Ainscow y Booth (2000) como "Barreras a la Participación".

En un post anterior hablaba de la necesidad de desaprender el término NEE y hacer un giro hacia éste, más acertado, de Barreras a la Participación por el cambio conceptual que implica, poniendo al centro y sus propuestas didácticas como principal foco de cambio, y no al alumno de forma exclusiva.

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viernes, 26 de mayo de 2017

La inclusión según... Almu PT

Almudena García Negrete es diplomada en Magisterio especialidad Pedagogía Terapéutica (maestra de educación especial, PT) y Técnico Superior de Integración Social (TISOC).

Según ella misma cuenta en su propio blog Maestra Especial PT, "desde el curso 2010-2011, trabajo para la asociación provincial de Síndrome de Down de Málaga (Down Málaga). Mi trabajo es como maestra itinerante especialista en síndrome down (visito unos 5-6 centros semanalmente), lo que hacemos es ofrecer asesoramiento, formación y atención a la comunidad educativa (profesorado y alumnado), a la familia y al acnee derivadas de discapacidad intelectual, síndrome de down. Es un trabajo enriquecedor. Este trabajo es posible gracias al convenio que la Federación Andaluza de Síndrome de Down tiene con la Junta de Andalucía, la Delegación de Educación y los centros docentes públicos y concertados, concretamente en colegios de la provincia de Málaga, en las etapas de infantil, primaria, secundaria y PCB".




Os dejo con esta maestra malagueña, creativa e incansable, con la que algún día espero que se crucen nuestros caminos y trabajemos juntos por y para la inclusión educativa.